Nos levantamos al día siguiente con unas energías increíbles, teníamos auto, nos quedaba plata, somos bien parecidos y una nueva familia nos esperaba a dos horas de distancia (que más se puede pedir?). Cargamos el auto y como no tengo las más mínima idea de lo que a mecánica se refiere, partimos a buscar un mecánico para que le cambie o rellene el líquido de freno, el refrigerante y otras cosas más del mismo tipo. Llegamos donde este y nos atiende Matthew, el mecánico top model, nos pasó un auto de repuesto mientras esperamos una hora los ajustes, así que me tuve que bancar una hora de chistes de babi sobre lo bueno que estaba el mecánico (yo me reía solamente, ya que era verdad y nadie podía negarlo).
Llegó la hora… nos despedimos de encantador, desembolsé los cien dólares que más me han dolido gastar, ya que era algo que cualquier hombre por el solo hecho de nacer hombre podría hacer por sí mismo (menos yo). Nos subimos al auto, pusimos música de viaje (Los guachiturros) y tomamos rumbo hacia Nelson. El camino muy lindo, maravilloso y todo hasta el momento de empezar la cuesta… Era como una hora en subida donde creo vi que me paso un ciclista (parecía que si caminaba al lado del auto iría más rápido) y en las bajadas daba la impresión de que nos mataríamos en cada una de las miles de curvas de unos 35°, hasta que descubrí que la técnica es bajar la velocidad y ojalá esta sea mucho menor de 130 km/h.
Después de pasar la cuesta del terror llegamos a Nelson, un pueblo mediano pero muy muy muy lindo, de primeritas no entramos a verlo, solo pasamos por la carretera que bordea la costa, ¿conocen el borde costero de Concón - Reñaca? bueno, ni se parece a eso así que sáquenlo de su mente.
Nelson me gustó de primeras, y fue ahí que me di cuenta que Blenheim es una reverenda cagada, la ciudad más fea que me ha tocado conocer hasta el momento acá en NZ, aparte que escuché pestes de los contractors indios que trabajan ahí que más encima….. no te pagan!.
A continuación de Nelson, a unos 20 minutos por la ruta 60 hacia el sur y, a eso de las 18 hrs llegamos a nuestro destino final: The Rob & Mell house.
Estacionamos la nave afuera y nos atiende la hija de ellos, una adolecente de 20 años bien linda y cariñosamente nos hace pasar. Sale Mell y Rob, nos presentamos y era como medio raro, porque la verdad nosotros nunca habíamos hecho esto de HelpX ni woofer ni dada por el estilo y ellos tampoco, por lo que había un cierto aire de nerviosismo de las dos partes. Nos mostraron un poco la granja y nos presentaron a sus animales que consistían en: una yegua llamada Kelly que cuando la llamabas corría a ti tal como perro, se paraba al lado tuyo y te empezaba a correr con su cabeza para que te corrieses del pasto, su comida… (era realmente genial), una cabra que le faltaba una pata por lo que automáticamente paso a tener el muy original sobrenombre de mi parte de trípode (no recuerdo su nombre porque la verdad no me agradan las cabras y nunca le di bola) un par de gallinas, una gata llamada Wanda que lo único que pensaba en la vida era comer y se pasaba todo el día al lado de la despensa maullando y dándose literalmente cabezazos para que la alimentaran y, por último, nuestra más querida y especial de todas las mascotas de esa casa, una vieja y adorable perra llamada Possum…
Spiders Paradise…
Luego de las presentaciones formales entramos a la casa para dejar nuestras cosas, esta era una agradable pero vieja casa de campo a medio maltraer por el tiempo y un poco también por la falta de limpieza, nos muestran la habitación que pertenecía a su otra hija de unos 22 años que se encontraba en Australia trabajando en algo relacionado a la moda y nos dicen que en unos minutos más estará lista la cena. Acá cenan mega temprano, onda 6 o 7 ya están en la mesa. Calculen que el noticiero central comienza a las 6!
Empezamos a arreglar las cosas y yo como tengo un serio problema con los animales de ocho patas empiezo a mirar el techo y para mi terrible suerte en los primeros 3 minutos de estar parado en esa habitación alcancé a contar al menos 4 arañas en el techo… quedé absolutamente paralizado con ganas de agarrar todo e irme a la mierda, pero babi le restó importancia a la situación para tranquilizarme. Me quiso hacer entender que no eran del porte de mi mano, que no me iban a comer como yo decía, que me tranquilizara y bla bla bla… Obviamente mi cerebro no prestó atención el resto del discurso, ya que este duró más de 5 minutos. Me encargué de matar una por una y salimos a cenar.
Nos sentamos a la mesa y descubrimos que a Rob le encanta cocinar y que a pesar de su condición de tener casi la mitad del cuerpo paralizado, esta no le impedía seguir haciendo casi normalmente lo que le agradaba hacer. Hablamos de dónde somos, nuestras costumbres, como es Chile, que allá éramos de la realeza, etc. Era realmente agradable hablar con Mel (la señora de Rob), ya que al ser profesora de teatro hablaba un inglés muy modulado y lento, por lo cual entendíamos la gran mayoría de las cosas que nos hablaba y las que no, las trababa de gesticular y enseñárnoslas, por lo que estábamos encantados. A Jen y Rob le entendíamos poco y nada, hablaban a mil por hora con un inglés 100% Kiwi inentendible. Luego de la cena nos fuimos a nuestros aposentos, nos acostamos en nuestra cama, apliqué posición traumado fetal y traté de dormir. Esto fue un poco difícil porque imaginaba que las amigas de las arañas muertas vendrían a cobrar venganza… tuve pesadillas.
A la mañana siguiente nos pusimos nuestra virgen ropa de trabajo para empezar nuestras cuatro horas de laburo que teníamos que completar a diario. Nos dirigimos con Rob al invernadero (él se movilizaba en una moto de 4 ruedas para todos lados) y trató de hablarnos de lo que teníamos que producir, como lo quedamos mirando con cara de signo de interrogación gigante, nos señaló la maleza que había debajo de las plantas y respondimos con un inmenso Ahhhhhhhh!!!! (Primero con un tono alto y después bajándolo gradualmente conforme pasan las H).
Al finalizar la jornada parece que la falta de trabajo físico acumulado durante un par de años nos pasó la cuenta y quedamos absolutamente demacrados, babi no se podía su humanidad, así que en la noche nos echamos en el sillón y miramos una serie de televisión inglesa que lleva 50 años al aire (en serio) para luego ir a roncar.
Aunque habíamos llegado el viernes y solo trabajamos un día, con babi tomamos unilateralmente la decisión de tomarnos weekend off (qué chantas no!). El día sábado recorrimos Nelson y alrededores, fuimos a la playa, vimos el partido de los Pumas mientras tomaba cerveza a eso de las 11 am, gritaba como un cerdo y demás voludeces como un vil par de descarados aprovechadores sin culpa. El domingo fuimos al parque nacional de Nelson Lakes que está buenísimo.
Ya el lunes en la mañana, vuelta a ponernos nuestros disfraces de obreros a mal traer y aunque creíamos que no era justo, ya que no habíamos descansado lo suficiente (nunca es suficiente), tuvimos que cumplir con nuestra obligación HELPX. Era realmente genial trabajar para Rob, porque todo lo que decíamos o hacíamos él lo encontraba genial (aunque fuese una cagada), por ejemplo: Rob, con babi vamos a cortar el pasto… THAT BE GRATE, Rob: vamos a barrer la terraza… THAT BE GRATE, Rob me voy a rascar las bolas los siguientes 50 minutos… THAT BE GRATE!
Un día X mientras realizábamos limpieza extra profunda en la terraza de la casa, porque al día siguiente Mel tendría un BBQ con sus compañeros de trabajo al cual estábamos cordialmente invitados, le comenté a babi que tenía una canción pegada y que no podía sacármela durante toda la mañana de mi cabeza, para mi propia vergüenza era “El Taxista” de Ricardo Arjona!... babi se caga de la risa y me dice que le pasaba lo mismo y había estado cantando toda la mañana VAMOS DE PASEO PIPIPI, EN UN AUTO FEO…… instantáneamente dejé mi escoba al lado, me senté unos minutos mirando hacia la nada cuestionándome muy seriamente con qué clase de persona he convivido estos últimos cuatro años de mi vida, también me di cuenta que acá en NZ al parecer mi sentido musical se estaba atrofiando, pero babi definitivamente…. ¡Jamás lo tuvo!.
Así transcurrió una semana de “trabajo” en nuestro nuevo hogar y había llegado el día del ya ansiado BBQ. Babi decidió que no podíamos ser tan ratas como para no llevar nada a este, así que decidimos ir hasta Nelson para comprar algunas cosillas y manifestarnos en dicho evento. También nos sirvió como excusa para pasear un rato, habíamos estado toda la semana en la casa y necesitábamos un poco de aire fresco. La cosa es que partimos para allá, recorrimos el pueblo, visitamos los parques, fuimos nuevamente a la playa y terminamos en el supermercado. En el pueblo se sentía un aire fiestero, empezamos a ver gente disfrazada por todos lados, un escenario con una banda muy buena en vivo y más gente de lo que se acostumbra ver en los pueblos de por acá, le preguntamos a un vendedor de que se trataba la fiesta y nos dijo algo que ahora no recuerdo (he tratado de recordarlo mientras escribo créanme). La cosa es que se veía interesante quedarse a ver qué onda, pero teníamos el compromiso con Mel y el BBQ. Yo me quería quedar pero babi “la políticamente correcta” impidió mis impulsos, nos subimos a la nave y vuelta a la casa. Rogaba a dios que no fuese una decisión por la cual nos arrepentiríamos (y al final no fue así).
Al llegar a la casa ya estaban presentes los invitados, o su gran mayoría (para variar llegamos atrasados), nos presentamos y con babi nos fuimos a la cocina a preparar algo típico chileno… huevos a la peruana (muy chilena ella no!). Estando ahí, se nos acerca un neozelandés de unos 30 años con su señora y con un castellano 1000% a lo gringo nos pregunta cómo estamos… Con babi quedamos agradablemente sorprendidos, ya que no escuchábamos este dulce idioma hace unas dos semanas. Nos comentó que estuvo 2 años en Centroamérica y ahí se dedicó a hacer clases de música y aprender el idioma. Fue muy agradable que estuviera presente, nos sentíamos más cómodos y podíamos de cierta forma integrarnos al evento con mayor facilidad. Él parece que estaba muy feliz de hablar con nosotros, porque quería “practicar su español” y no se nos despegó ni un minuto…
En el transcurso del BBQ nos dimos cuenta que era la despedida de una de las compañeras de trabajo de Mel que se llamaba Trish, una inglesa con exceso de personalidad que me hacía cagar de la risa, me decía que no me preocupara por el inglés, que solo debía saberme dos palabras de supervivencia y ya estaba del otro lado, estas eran beer (cerveza) y big boobs (grandes tentaciones), y no era que me lo decía a mí, sino que en medio de una conversación cualquiera me miraba y pegaba un grito de una esquina a otra… BIG BOOOBS!!!
Dentro de los invitados también estaba un norteamericano radicado en NZ hace ya varios años que se vino arrancando de las políticas americanas y otras voludeces mas que ya no recuerdo. Yo nunca pensé que diría esto, pero los estadounidenses tienen el más dulce y agradable acento, realmente fue maravilloso poder sentarnos con él y poder tener una conversación normal sin tener que poner cara de preguntación cada 3 minutos, creo que tanta película y música gringa se metió en mis venas y las de babi para nunca más irse.
Ya entrada la noche entramos a la casa y todos se sentaron alrededor de la mesa, lo que yo pensé en un principio que eran guitarras para enanos en realidad eran ukulele (después me enteré que estaba muy de moda acá en NZ). A mí me pasaron una guitarra, comprenderán que no tengo la más mínima idea de tocar un ukulele y babi se encargó de tocar el triángulo (luego de la tercera canción se lo quitaron). Repartieron partituras y nos pusimos a tocar canciones populares neozelandesas que hablan de dragones y princesas mientras tomábamos cerveza moviendo los vasos de un lado a otro.
El domingo vimos el partido de los All Blacks vs Pumas, así que vino nuevamente Trish y otras personas para verlo, me gritaron el himno en la cara por lo que al momento del himno Argentino me paré en medio de la sala con la bandera argentina tipo superman y lo canté aún más fuerte. Al transcurrir los minutos, mis gritos de desesperación se escuchaban a dos kilómetros de distancia y al final el marcador fue lo que todos esperaban, pero yo no quería creer. (fuck you All Blacks!!).
Luego de diez maravillosos días en esta casa, una tarde cualquiera nos llega un mensaje de voz que pertenecía a Dithmar, el manager de Kimi Ora, un resort naturista que quedaba en Kaiteriteri, a una hora y media de distancia de Nelson. El mensaje decía que habían visto nuestro perfil en HelpX y que si nos gustaría pertenecer a su staff woofer dentro del resort y, aunque nos sentíamos realmente cómodos en esta casa y les habíamos tomado mucho cariño, el alma aventurera de los dos fue más fuerte. Nos habían hablado maravillas de Kaiteriteri y de lo genial que era este resort, así que tomamos la decisión de partir al día siguiente, hablamos con Mel, nos despedimos de todos y ya nos esperaba una nueva etapa dentro de este hermoso país, The Kimi Ora life!