jueves, 13 de octubre de 2011

Perdidos en el Espacio. 18 de septiembre.

            Cuando ya era hora de ir a tomar el bus que nos llevaría hacia Tauranga desde Auckland, partimos con babi a buscar las maletas que habíamos dejado en la estación de trenes del centro de la ciudad, ya que ahí tienen una especie de closet electrónicos donde pagas por dejar tus maletas dentro por algunas horas (o meses que se yo). La cosa es que nos sentíamos megaultraligeros sin tanta carga encima y la verdad que no teníamos muchas  ganas de ir a buscar nuevamente tanta cosa que traíamos, me sentía igual que Jesús arrastrando una cruz en las películas más sufridas y sangrientas creadas en la historia de la humanidad con el solo hecho de pensar en ponerme esa mochila en mi espalda nuevamente y claro, la maleta chica de mano que yo traje  con cosas esenciales de supervivencia que un hombre sabiamente escoge, pasó a tener el nombre de babi y la maletotota enorme de unos 138 kg llena de cosas irrelevantes (llámese champú, jabón, pasta de dientes entre otro sin fin de voludeses que trajo babi), pasó a tener irremediablemente el mío!

Salimos de la estación de trenes (recuerden a Jesús con la cruz), a preguntar dónde demonios salía el bus que nos llevaría a la ahora tan nombrada ciudad de Tauranga, y como era el mundial de Rugby habían por todos lados personas con unas poleras que decían “preguntacion de tráfico” (creo que esa es la traducción literal). Nunca en nuestras vidas con babi habíamos tenido tan poca retención de información, creo que debido al cambio de horario que estábamos medio estupidisados. Sin mentir le preguntamos unas 10 veces al mismo tipo donde teníamos que tomar el bus, ya que estábamos aterrados a que se nos pasara, por lo que al final nos llevó caminando de la mano hasta el lugar exacto donde estaba la parada.

Después de 4 horas de viaje por pueblos que a mí se me hacían absolutamente iguales (pero lindos), llegamos a Tauranga, y si no me falla la memoria eran aproximadamente las 9 de la noche del domingo, no había absolutamente ningún ser viviente en las calles, y aquí sí que me sorprendí… cuando estábamos recogiendo las maletas desde el bus, se nos acerca un señor que aparentemente era el papá de unos pendejos que iban viajando con nosotros y nos dice ¡los llevo chicos!, con babi nos brillaron los ojos y antes que terminara la frase estábamos arriba del auto preguntándole cuanto falta para llagar…. a todo esto, fue un milagro, ya que no hay transporte público a esa hora, no había a quien preguntarle cómo llegar al Backpacker, este mismo quedaba al reverendo carajo y con las maletas…. de ahora en más maletas rctm!.

Ya en el hostel (muy lindo por lo demás) sabíamos que íbamos a compartir pieza con alguien más, pero por lo menos solo una y no diez almas hacinadas en dos metros cuadrados. Abrimos la puerta de la pieza que tenía una cama matrimonial, una cama de una plaza al frente y otra en altura al lado… y ahí estaba, una especie de gringo con cara de haber sufrido bulling, lo primero y último que escuchamos de él fue Hi!, dejamos las maletas a un lado sin quitarle la mirada ni un solo instante  y fuimos  a comer a una cadena de restaurantes con una deliciosa comida casera que nos había alimentado y acogido estos últimos días en NZ (creo que el nombre es Mc Donalds) luego llegamos al Backpacker, saltamos a la cama  y dormimos profundamente como nunca jamás en la vida.

Al despertar a la mañana siguiente el gringo se había ido, quizá por el olor a pata que expelía terriblemente desde mis pies, el olor a sudaca o no sé, la cosa que se cambió de pieza pero no de hostel y eso me mejoró la mañana inmediatamente, así que salté de la cama con un mortal extendido, abrí las cortinas para empapar mi cuerpo con rayos solares matutinos…. y a comer!. Esa mañana preparé el desayuno… omelette con queso azul, si mal no recuerdo, y luego salimos a recorrer un poco la ciudad.

Tauranga es una ciudad realmente linda y ordenada como cada centímetro cuadrado de este país, tiene un pequeño centro cívico (que amplio vocablo no!) y muchos cafés y restaurantes por todos lados por lo que saqué mi propia conclusión y le dije a babi “debe ser una ciudad turística” a modo de explicación de una situación totalmente lógica!. Después de recorrerla por algunas horas entre turistear e ir a algunas agencias de trabajo, babi estaba realmente muerta (luego de acarrear el día anterior mi maleta de 2 kilos), así que decidimos volver al backpacker para alimentarnos. Al llegar entramos a la pieza y para nuestra sorpresa, ya habían violado nuestro espacio físico con maletas desconocidas, nos resignamos ya que pensamos que por fin tendríamos un día una pieza para los dos, fuimos a la cocina, y entre todos los presentes que había solo uno al vernos inmediatamente sonrió y nos saludó muy cordialmente, en ese momento aparece la recepcionista y nos presenta, ahí supimos que él era la persona con la que nos tocaba compartir la habitación esa noche….

Su nombre era John, un Australiano de unos 50 años parecido al viejo pascuero de coca-cola pero a dieta, que vino al mundial de rugby por su amado equipo Wallabies. Y bueno, ustedes han visto en la televisión cuando sale un tipo hablando sobre alguna voludes y abajo en la presentación le ponen por ejemplo: “Bayron Jonattan: experto en gorilas de panza azul”, y uno se cuestiona….   ¿cómo demonios se le ocurrió estudiar esa webada?!!…. bueno, John era un sabelotodo sobre koalas y su vida estaba centrada en el estudio y conservación de ellos, así que inmediatamente concentró la atención de babi que le hizo un sinfín de preguntas como: ¿de qué porte pone huevos el koala?, ¿Cuánto cuestan?… El tipo este era tan simpático y carismático, que la verdad esta vez no nos molestó tener que compartir la habitación, lo único malo es que al igual que los neozelandeses, los australianos tienen un acento casi igual de extraño, por lo que por unos momentos tarzan y chita volvieron a las pistas.

Después de preparar el almuerzo (si mal no recuerdo cociné estofado), nos estábamos cansando un poco de andar a pata para todos lados y sabíamos que los autos eran muchisisisimo más baratos que en Chile, que entre unos 1000 a 1700 NZ dollar (calculen) podíamos encontrar uno en razonables condiciones, por lo que decidimos con babi centrar nuestros esfuerzos en hallar uno.

Compramos un pase diario en la estación de buses y nos recorrimos Tauranga y alrededores bajando en cada compraventa de autos usados que se nos topaba en el camino, pero sin éxito….  Algunos o estaban muy caros y otros al mirarlos parecía que caminar tampoco era tan malo. Ya medios cansados nos metimos a un supermercado y encontramos pegado en el mural miles de avisos de gente que pone a la venta sus autos, anotamos los que más nos tincaron y mandamos algunos mensajes, a los minutos nos responde uno que estaba vendiendo un subaru que era más menos lo que estábamos buscando, le dimos las coordenadas y nos juntamos en el backpacker para vernos… lo estábamos esperando en la esquina y el tipo pasó derecho hacia el backpacker (como que ya me cansa escribir esta palabra “backpacker”)… Y al escucharlo pasar como que ya no nos gustó, sonaba un poco extraño el motor. Nos acercamos y se bajó un viejo kiwi medio campestre que hablaba a unas 100 billones de palabras por segundo. Así que nos contó sobre el auto, la historia del mismo, los momentos que habían pasado juntos y lo mucho que lo quería y le costaba dejarlo (todo esto lo imaginamos mientras él hablaba porque no le entendíamos un carajo!), le pedimos que abriera el capot para hacernos los que sabíamos lo que estábamos haciendo, pero la verdad que no nos tincó desde el principio, estaba hecho mierda, así que cordialmente lo invité a sacar su mugre de mi vista y que no volviera nunca jamás nunca.

Sin auto y sin trabajo estábamos medio bajoneados, así que supongo que John Koala lo notó porque se acercó y nos dijo!, chicos hoy la cena la preparo yo les parece?…  obvio que nos pareció bien la idea, aparte con lo rata que soy, todo lo gratis me parece la mejor idea del mundo!!

Ya en la noche debíamos tomar una decisión, Tauranga muy lindo y todo pero debíamos tener un plan de acción para los siguientes días que se venían, y estas eran las opciones…

a)     Quedarnos en el hostel (nueva denominación para backpacker que me tiene pelotudo escribir), y seguir buscando auto para movernos y trabajo.

b)     Cambiarnos a un hostel más barato e ir a uno de un indio chanta y horrible (si el indio también).

c)              Irnos a la mierda.

Como parece que con babi tenemos alma de gitanos elegimos la opción más complicada, LA C!!!. en la tarde hicimos unas averiguaciones por aquí y por allá y teníamos la opción de irnos a vivir a la isla sur en Blenheim a la casa de un chileno donde gastaríamos menos, tendríamos más opciones de trabajo y por fin tener una pieza para los dos solos. Aparte que teníamos unos conocidos por allá que se estaban por ir de NZ y nos podían orientar más en esto de working holiday…

Esa noche compartimos con John Koala, comimos los mariscos que nos preparó, intercambiamos anécdotas, miramos los partidos del mundial de Rugby y……. fuimos felices y despreocupados como nunca desde nuestra llegada…… nos dejó cordialmente invitados a pasar unos días en su casa en Australia, cosa que esperamos podamos hacer realidad dentro de los próximos meses.

Creo que es uno de los personajes que recordare dentro de mi estadía en este país y espero sean muchos, muchos más...

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