lunes, 24 de octubre de 2011

Blenheim allá vamos. Jueves 22 de Septiembre.

   Ya tomada la decisión de mover nuestros puercos de esta ciudad (Tauranga), la recepcionista nos ayudó con la compra de los pasajes y la reserva para un hostel en Wellington, que es la última ciudad de la isla norte antes de cruzar en ferri lógicamente hacia la isla sur, nos pasa los tickets y nos dice algo en inglés y me  causa mucha gracia a lo que babi me pregunta… ¿De qué te ríes?, YO: es que le escuché que son nueve horas de viaje jajaja, Babi: eso es lo que dijo, YO : watafaka!!!!!!.

Nos tomó por sorpresa ya que no teníamos claro antes de tomar esta magnífica iniciativa (en ese momento nos sentíamos brillantes) de que el bus se demoraría tanto, así que partí corriendo a comprarme un plumón para hacerme nuevamente la raya del culo para cuando llegáramos a Wellington. En la tarde dejamos todo listo para partir en la mañana temprano, ya que a las 7 am debíamos estar en la parada del bus que quedaba a unas 8 cuadras de distancia. (Esa noche soñé que viajaba en bus).

Ya en la mañana nos levantamos con babi y en una especie de reto personal o quizá quería batir mi propio record, me puse los mismos pantalones que llevaba puestos desde mi llegada a NZ… es más, ni me bañé como protesta silenciosa pero olorosa por las 9 horas que me esperaban en el bus desgraciado y  si yo no iba a estar cómodo pensé, ¿porque la gente a mi alrededor debiese estarlo?…. Creo que babi pensó lo mismo que yo porque se levantó y por su cara no corrió una sola gota de agua. Cargué mi cruz y nos fuimos al paradero hacia nuestra nueva aventura.

Calculando la distancia, una velocidad estándar de 100 km/h, viento sur oeste, y condiciones climáticas normales, el viaje hasta Wellington debiese demorar no más de 5 horas, pero si a esto le sumamos que el bus se detiene en todos y cada uno de los pueblos absolutamente olvidados por la humanidad, las 9 horas me calzan a la perfección.

Al llegar al terminal me levanté de mi asiento corriendo y repartiendo codazos al que se interpusiera en mi camino, lo único que quería era sentir que tenía piernas nuevamente. Salimos de la estación, y fuimos directo a un restaurante naturista… nos clavamos 2 hamburguesas mega big mac big y navegamos por internet para encontrar el susodicho hostel. Lo único que se interponía entre este y nosotros era el más completo y absoluto desconocimiento de donde se encontraban geográficamente nuestras nalgas (traducción: estábamos perdidos). Babi y yo sufrimos una especie de retardo mental que nos impide escribir direcciones y seguir instrucciones, por lo que decidimos llamar por teléfono a la línea gratuita (dulce palabra no?... gratuito), nos dieron las indicaciones y para nuestra agradable sorpresa estábamos literalmente al lado.

El hostel bastante cool, unos 6 pisos, restaurante, sala de juegos, bar y otras voludeses más que para variar nunca  usamos. Subimos a la habitación (compartida lógicamente) pero para nuestra grata sorpresa la cama disponible aparte de la de nosotros no había sido tomada, por lo que cruzamos los dedos mirando al cielo con cara de sufrimiento para que a ningún tarado se le ocurriera usarla. Nos pegamos una ducha (creo que la más necesaria de nuestras vidas), y al bajar a la recepción compramos los tickets para el ferri al otro día (nuevamente a las 7 am) y salimos a recorrer un poco la ciudad…

Wellington, de lo que he visto durante estos últimos días es una ciudad relativamente grande, relativamente linda y relativamente relativa (creo que me falta la versión de día, y más descansado creo yo). En la avenida principal tiene miles de pubs y restaurantes que obviamente no asomamos siquiera nuestras narices, ya que lo primordial era ahorrar hasta poder establecernos, nada de vive la vida loca ni pelotudeces similares no no no… (Créanme que las ganas no faltaban he!). Comimos en un restorante  árabe y recorrimos por un rato más la ciudad antes de volver al hostel y envolvernos en el misterioso mundo de los sueños.

A la mañana siguiente salimos temprano con dirección al terminal de ferries que estaba  frente al hostal, lo que nos puso estratosféricamente contentos en ese minuto, ya que implicaba con ello minimizar el sufrimiento del transporte de carga pesada, sobre todo nuestro cuerpo. Dejamos nuestras maletas en el área de embarque, muy parecido al momento de embarcarte en avión y esperamos aproximadamente una hora para subir, lo cual le dio tiempo a babi para sacar algunas fotos y a mí para practicar las caras pelotudas que pongo en cada una de ellas.

Estando en la cubierta del ferrie en altamar a toda máquina rumbo a lo absolutamente desconocido, con la mente en blanco, el viento en la cara, las orejas echadas hacia atrás y la lengua al lado cual perro asomado en la ventana del auto… la sensación de libertad y bienestar fue absolutamente indescriptible. Fue como un segundo respiro al sentirse vivo nuevamente y pensar que no había un mejor lugar en el mundo que estar en ese momento y en ese lugar.

Arribamos a Picton a eso de las 11 am. Una ciudad pequeña pero realmente linda. Agarramos el primer bus que se nos topó en el camino y veinte minutos después… WELCOME TO BLENHEIM!!!!

El compadre que nos recibiría en su casa estaba en el trabajo y debíamos esperar por algunas horas para llegar, por lo que sabiamente decidimos que era hora de alimentar nuestros tonificados cuerpos y así pasaría el tiempo más veloz…. 30 minutos más tarde estábamos desocupados en la mitad de una plaza a  la 1 de la tarde y teníamos que hacer hora hasta eso de las 4, decidimos recorrer la ciudad para que pasara el tiempo…. 20 minutos después ya habiéndola recorrido completamente (se imaginan que big city no!) decidimos que lo mejor era apoyar nuestros  traseros de una vez por todas y esperar y esperar y esperar y esperar (infinito periódico).

Llegada la ya anhelada hora de juntamos con él para ir a su casa a instalarnos, conocimos a su mujer, una neozelandesa de unos 30 años y su hijo de unos 2 años de edad y caminamos juntos hacia su hogar. Aparte de nosotros como huéspedes, vivían otros dos chilenos que al principio no conocimos mucho, ya que trabajaban de noche en una fábrica cercana dedicada a la producción de choritos (o shoritos como prefieren algunos). Instalamos nuestras cosas en la habitación (bastante cómoda y con wifi gratis!!), mandamos un millón de textos a los contractor de trabajo que nos dieron,  y a esperar…  acá en NZ todo se maneja por texto, ya que es mucho más barato.

Pasaron los días y como que esperar no dio mucho resultado porque no pasaba nada de nada. La temporada en el trabajo en las viñas al parecer se estaba muriendo así que fuimos a postular a la fábrica de choritos juntos a los amigos chilenos que vivían con nosotros, pero tampoco prosperó mucho esa iniciativa.

(Cuando releo lo que voy escribiendo, pareciera que ha pasado mucho tiempo no?, pero la verdad hasta esta parte solo van 7 u 8 días).

Un día nos llega un mensaje de una amiga de Bárbara de Chile que estaba en esta ciudad con su novio invitándonos a comer pasta en la casa donde se estaban quedando, nos pasan a buscar, compramos unas cervezas y nos fuimos para allá. Ellos eran una pareja joven, que vinieron a NZ en las mismas que nosotros (working holiday), pero ellos ya estaban casi finalizando su viaje y partiendo para Asia, así que compartieron su experiencia en este país, algunos datos de supervivencia y por sobre todo una palabra que me quedó grabada de él…. ENJOY, creo que fue de lo más importante que rescaté de esa velada, aprender a disfrutar ya que un año pasa mega flash y es nuestro año, hay que disfrutarlo a full!. Quedamos invitados al otro día a ver el partido de los All Blacks con otros chilenos más que estaban en este pueblo.

Al otro día, cuando estábamos  comprando en el supermercado (alcohol obviamente) para ver el partido, me topo con un cartel fuera del supermercado de un argentino que vendía su auto, un subaru station del noventaipico, le texteo y me responde inmediatamente, le doy las coordenadas para juntarnos en la casa donde íbamos a carretear para que veamos el auto. Al llegar el tipo, como que ya el auto me tincó de inmediato, fue como un amor a primera vista, lo manejé (como el orto ya era mi primera vez manejando sentado en el lado derecho) y todo bien,  solo tenía el detalle no menor de no se qué correa que se cambia cada 100.000 km, y este detalle acá en NZ sale app unos 700 a 1000 dólares el solo hecho de cambiarla (no menor no?), con babi nos dimos vuelta dándole la espalda al argentino para planear la estrategia de compra hablando megaultrabajo mientras el argento trataba de escuchar…  nos dimos vuelta y entre risa y cara de seriedad le ofrecimos 800 dólares (nos sentíamos unos desgraciados ya que el auto salía 1600), el tipo se sienta, piensa un largo rato, luego va hacia el auto le habla unas cosas, lo besa y con cara de derrota nos dice 900? babi y yo nos miramos con una sonrisa cómplice diabólica mientras nos frotábamos las manos y le dijimos al unísono…  TRATO HECHO DUDE!

En Chile diferentes factores influyeron para que nunca tuviese auto.

Primero: Al cumplir la mayoría de edad entré a la universidad, con lo cual vendí mi alma y la de mis viejos para pagarla.

Segundo: Saliendo de la U, en  mi primer trabajo ganaba un sueldo inferior al promedio per cápita de Etiopia, Angola o Haití.

Tercero: Luego en Santiago teniendo la capacidad, vivía literalmente al lado de mi trabajo por lo cual no tenía sentido alguno la compra del mismo.

Esa noche disfrutamos del carrete a lo chileno, ese con regetón bien fuerte, harto copete, mil personas y todos amigos, mil anécdotas de viajes, peleas de faldas, dos muertos y un herido.

Al día siguiente ya con transporte, todo el ánimo del mundo y la aventura por delante, tomamos la decisión de que si no íbamos a trabajar aun, por lo menos haríamos lo otro por lo cual vinimos a este país…. ROBAR!!!! Ahh no perdón, mejorar nuestro paupérrimo inglés (con paupérrimo estoy siendo realmente generoso con yo) por lo cual agarramos una página en internet llamada HELPEX en la cual pones tus datos, tus características, mientes como enfermo vendiéndote como que eres más bueno que Lasie con bozal entre otro sin fin de cosas y te contactas con familias de Nueva Zelanda para trabajar con ellos unas pocas horas a la semana a cambio de comida, techo, hablar inglés todo el día  y la experiencia kiwi al 100%. A las 2 horas ya teníamos 3 familias que nos habían contactado para que viviésemos con ella, una en Blenheim, que competía en estas cosas gringas de jardinería y otras voludeces similares y requería ayuda en ello, otra que quedaba al carajo en la west coast y tenían una farm y por último, una familia en Nelson que consistía en una madre profesora de drama (teatro), su hija de 20 años (media vaga), un perro viejo y un padre que había sufrido un derrame cerebral por lo cual requerían ayuda  en su invernadero….

Como babi tiene corazón de abuelita obviamente elegimos la familia de Nelson. Bueno, también influyó en la decisión que tuvieran un perro, porque babi tiene una adicción contagiosa con ellos (nosotros los llamamos amigos), los contactamos y al día siguiente nos esperaban unas dos horas de viaje para juntarnos con nuestra nueva familia adoptiva…

3 comentarios:

  1. jajaja...guaaajajajajjaa....genial, deberías haber estudiado periodismo..viste que pa variar las cagaste! jajaja guuuaaajajajaja

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  2. Me sorprendiste, Martín!
    Escribes súper bien. Incluida la ortografía ...

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